domingo, 11 de marzo de 2012

Entrevista a Raúl Zaffaroni

Por Manuel Alzina

La condición de la Naturaleza



Todos aquellos que entendemos la militancia como una ética individual y colectiva de vida para transformar la realidad, sabemos que tener un compañero de la talla intelectual y humana de Zaffaroni en la Corte Suprema de Justicia no sólo es símbolo de esta etapa del país sino también la síntesis perfecta de lo que entendemos algunos sobre el rol que debe cumplir el Derecho en una sociedad en búsqueda siempre de más y mejor Justicia. Militante integral, abogado defensor naturaleza y por ende de la humanidad.  Raúl Zaffaroni,  es sin duda alguna, nuestro juez compañero. 


¿Que lo impulsa a escribir el libro “La Pachamama y el humano” y en que se inspira para hacerlo?

Bueno hace un largo rato que en el derecho penal hay una discusión teórica sobre que es el bien jurídico, si existe el bien jurídico, si la esencia del delito es la lesión al bien jurídico, si es una violación de deber, etc y siempre me llamó la atención un fenómeno que es muy discutido en el derecho penal sobre cuál es el bien jurídico en el delito de maltratamiento de animales. Lo cual se han dado una serie de explicaciones que no son satisfactorias y la única satisfactoria es decir que el titular del bien jurídico es el animal. No hay otra. Eso lo venia viendo desde hace rato y digo: bueno esto altera todo lo que se suele decir en materia de derecho penal. 

Después eso me fue abriendo otras preguntas como: ¿Cuál es la relación de todo el derecho con lo “no humano?”  Y bueno resulta bastante claro que el derecho le reconoce personería a inventos del ser humano; como la sociedad anónima, todas las personerías jurídicas, etc.; y no se la reconoce a entes reales. Más aún lo que tardó el propio derecho en reconocerle personería a todos los seres humanos. Tardamos unos cuantos años, milenios, en declarar un día: “todo ser humano es persona” ¿no? En 1948 de hecho fue. Yo nunca vi una asamblea de perros que diga todos los perros son perros. Nosotros tardamos como especie… (Se ríe) Seremos la más desarrollada pero parece que no nos dimos cuenta de eso. 

Y bueno cuando leo que en el NeoConstitucionalismo Latinoamericano la Constitución de Bolivia y la Constitución del Ecuador le otorgan personería jurídica a la naturaleza empecé a conectar toda la temática.  

Por ahí vino la cosa.

Usted un poco plantea en el libro que nosotros somos parte de la tierra y que a la tierra se le puede ocurrir estornudar…

Y si… Eso que un poco se viene planteando y empezó como una locura pero con muchos científicos que se van adhiriendo a llamada hipótesis Galia; es decir considerar el planeta como un organismo vivo de cuya vida somos parte, un organismo que tiene sus propios sistemas de equilibrio y como parte tenemos que cuidar de no alterar fundamentalmente los equilibrios que tiene el planeta. El planteo de la hipótesis Galia, que lo retoma Leonardo Boff en Brasil, es que el planeta tiene unos cuarenta mil millones de años, va a durar, tiene una vida un poco larga ¿no? Y se ha tomado algunos pocos millones en generar este equilibrio planetario. Por supuesto los de la hipótesis Galia dicen: cuidado que el planeta va a seguir viviendo ya que no tenemos capacidad para destruir la vida del planeta, por suerte, tenemos solo capacidad para destruir la habitabilidad del planeta por alterar gravemente todo este equilibrio. El planeta va a seguir y si los molestamos demasiado va a toser y nos va a escupir y se va a tomar unos diez, veinte o treinta, cuarenta millones de años en crear otra especie y hasta hay algunos biólogos que dicen quien es el candidato, parece que son los pulpos… (se rie) Lo cual preocupa un poco porque hace que uno se pregunte: ¿Qué estamos haciendo? ¿no? (se ríe)

Cuando llega la hipótesis Galia a América Latina parece que los valores y la cultura de nuestros pueblos originarios miran y dicen: ¡ah, que novedad! ¡Ya lo sabíamos! (se ríe). Coincide en este momento, un momento bastante crítico, la derivación de las ideas de los colonizadores con la cultura colonizada.

Bueno, los pueblos originarios ya tenían una ética de la tierra ¿no?

La Pachamama tiene la ética del buen vivir. Es decir es un planteo que hay que distinguir muy bien del animalismo y el ecologismo. El animalismo se limita a la protección del animal, la no crueldad con el animal, etc., lo cual está bien pero no se trata de eso. No se trata del ecologismo en cuanto tenemos que cuidar el planeta porque el planeta es para nosotros y no podemos destruirlo y toda la preocupación es cuidar el medio ambiente del ser humano. No, acá hay una vuelta de tuerca más que dice: “nosotros somos parte de esto”. No estamos ni por encima ni somos los administradores ni somos los tripulantes de la nave espacial tierra. No, no, no, somos una parte de todo esto. Entonces se trata de establecer un diálogo lo cual en el buen vivir, que se deriva de la Pachamama, lo que hay no es ningún planteo extremo de no poder tocar la naturaleza, no. Tenemos que vivir en armonía con la naturaleza. Lo que no podemos es destruir las relaciones de equilibrio. Ese es el asunto.

Es decir, si uno extrema cualquier planteo no hay una ecología verde única. Hay un embrollo de ideologías verdes en definitiva. Hay un italiano* que escribe: “L'imbroglio” de esa ideología verde. Hay ideología verde de inspiración marxista, de inspiración anarco, etc. Hay una ideología verde extremista en la cual no se puede tocar nada. Y sí, mi propia existencia contamina, ya lo sé. El ser humano contamina, una  ciudad contamina, un barrio precario contamina. Pero no, cuidado, no se trata de que no pueda tocar nada, de que no me pueda aplicar penicilina porque estoy matando bichos adentro. No. Se trata de vivir y dejar vivir. De coexistir con la naturaleza. Ese es el asunto. Lograr el equilibrio que permita una coexistencia y que permita la supervivencia de la especie. Porque lo que estamos destruyendo es la habitabilidad del planeta.

Bueno en ese sentido los extremos también se juntan porque las grandes corporaciones son las que traban que en las constituciones la naturaleza sea sujeto de derecho y desde el otro extremo pasa como en Bolivia donde se le impide construir un camino a Evo Morales... ¿no?

Efectivamente. Esa es la cuestión. En donde encontramos el equilibrio. No es que yo no pueda comerme una manzana porque le estoy sacando una manzana al árbol. No. La cosa no va por ahí.

¿Qué aporte histórico hace el constitucionalismo andino al debate?

Bueno, abre una etapa Constitucional que yo creo que va a ser la gran etapa de este siglo. Así como el Constitucionalismo Mexicano en 1917 abrió el Constitucionalismo Social, hoy se abre un Constitucionalismo de la Naturaleza. No quiero usar el término naturalista porque ya se han usado para decir otras cosas que no tiene que ver con esto (se ríe) Diría un Constitucionalismo de la Naturaleza que realmente viene a parar el huevo de punta. Viene a decir la gran novedad: “miren muchachos que ustedes están insertos en esto y son parte de esto” dicho de esta manera es como decir todo ser humano es persona ¿no? Son cosas que con el paso del tiempo uno dice que es una banalidad pero tuvo que llegar un momento que hubo que decir esa banalidad, declarar esa banalidad porque no la habíamos reconocido. Y de la misma manera creo, espero, que en las décadas futuras esto de que somos una parte de la naturaleza se lo tome como otra banalidad.

¿Podemos reconocer en nuestro país algún avance en ese sentido en nuestro país cuando se reconoce a los pueblos originarios por ejemplo con el Programa de Nacional de Relevamiento Territorial o con la incorporación de la propiedad comunitaria indígena en la reforma del Código Civil que se viene?

Si. Estamos marchando, hay avances, etc. Pero es mucho más grave el problema. Yo creo que si, hay cuestiones puntuales como los conflictos con la minería, etc. Creo incluso que quizás vamos a necesitar yo nose si un Tribunal Administrativo, un Tribunal Judicial o un fuero especializado. Creo que la cuestión ambiental requiere un fuero técnico. Nose si en lo judicial o en lo administrativo. Costa Rica tiene un Tribunal Administrativo por ejemplo. Es decir, estamos teniendo que resolver cosas que requieren una especialización.

Pero eso es puntual, lo que planteamos en “La Pachamama y el humano” y lo que plantean estas constituciones es más amplio. Está vinculado al propio sistema productivo. ¿Podemos seguir produciendo en el mundo en esta forma? Estamos llegando a los siete mil millones de habitantes, nose si se me cayó alguno, en un mundo raro en donde surge China, surge India, 
Europa se encuentra en una situación en que mira a ver que hace, EEUU el único riesgo que puede generar es que genere un conflicto bélico y nosotros que estamos como en un rincón. Es como si se armara una gran gresca en una cantina y nos quedamos en una mesa en un rincón mirando y la estamos pasando bien de momento, pero es un mundo complicado. En este mundo hay un continente olvidado, que es África. Un continente dramático. 

Entonces la pregunta es: ¿podemos seguir desarrollando las condiciones económicas como para conceder o para darle a los sectores sumergidos del mundo, a todos, los mismos niveles de vida de Europa, de Canadá, de EEUU? Yo creo que con esto desarmamos el planeta totalmente. Entonces la pregunta va más allá de lo puntual. Si, está bien, abarca hasta que punto puedo horadar una montaña, hasta que punto puedo deformar un río, pero es una pregunta que va mucho mas allá. ¿Este sistema productivo y este sistema económico permiten a un plazo no muy largo la subsistencia de la especie? Ojo, teniendo en cuenta que cuando ellos hacen el planteo (los de Galia) dicen: “miren, si vemos la evolución geológica del planeta, mirándolo en términos geológicos y considerando simbólicamente siete días, nosotros habríamos llegado medio minutos antes de la medianoche del domingo” Guarda, que si miramos el tiempo que el ser humano en dos patas caminó sobre el planeta, bueno la destrucción, la depredación que hemos hecho en el último siglo y medio es mucho más acelerada en relación con todo lo que habíamos hecho antes.

El problema y la pregunta básica es esa: ¿este sistema es compatible con la supervivencia de la especie?

El tema es que cada vez sean más voces las que se escuchen en ese sentido y que incluso se escuchen las voces de aquellos que lo vienen diciendo hace muchísimos años ¿usted piensa que para que esa cosmovisión del mundo sobre la naturaleza sea más fuerte es necesario que los pueblos originarios asuman la responsabilidad de tener representación política?

Si, sin duda. Si. Claro la situación de pueblos originarios en nuestro país es distinta a la que hay en Ecuador o la que hay en Bolivia o Perú. Sí, en nuestro país los pueblos originarios esta repartidos en el territorio y son pequeños grupos repartidos en el territorio en consecuencia como no están concentrados no son negocio político. Ese es el asunto. Su debilidad depende de eso. Cosa que no sucede en los otros países andinos donde si son mayoría y son grupos políticos fuertes y su representación política pesa. Con todo lo que le ha costado pesar en Bolivia por ejemplo. El problema en nuestro país es que no están juntos. Son diversas culturas, en pequeños grupos a lo largo del territorio que es extenso y de difícil comunicación.

 Yo le preguntaba sobre esos avances que hubo en el país con los pueblos originarios porque hubo un recrudecimiento en los últimos años de los asesinatos y la violencia sobre ellos ¿usted piensa que es porque hay ciertos avances o porque el sistema capitalista es voraz?

Yo creo que ningún fenómeno de esta naturaleza es unilineal ¿no? Se juntan factores y cada conflicto presenta características que son propias. Algunos conflictos tienen dificultades estructurales que son más serias de resolver. Por ejemplo cuando en  territorio hay población originaria y hay criollos el problema que hay ahí es la incompatibilidad de la explotación. De la forma de explotación. Tienen que salir unos o tienen que salir otros. Eso si es complejo, muy conflictivo. En otros casos creo que no, que lo que hay son problemas políticos muy coyunturales, muy locales, lio de campanario digamos. En otros casos no son muy difíciles de resolver.

Le planteaba lo de la reforma del Código Civil ya que también allí se vienen avances fuertes también en referencia a derechos de la mujer a la vez que  también hay un recrudecimiento en ese sentido con el aumento de los femenicidios, la violencia familiar ¿no?

Bueno, cuidado. Hay un problema de avance de violencia familiar. Por supuesto, no niego que en la violencia familiar hay un componente de género. Si, es cierto. Pero cuidado, no reduzcamos la violencia familiar a la cuestión de género. La violencia familiar es una violencia dentro del grupo. Independientemente de que puede haber casos de que el maltratado sea el hombre, menos claro. Pero cuidado que la violencia familiar empieza con la patada al perro eh. Después la ligan la mujer, los chicos, los viejos. Cuidado, la violencia familiar es una violencia grupal. Cuidado, con esto no estoy negando que haya una cuestión de género en la violencia familiar. Pero no reduzcamos la cuestión de género a la lesión que puede sufrir la mujer. Cuidado. No. Es una cuestión que abarca al grupo y donde se genera una patología grupal. 

¿Y la criminología mediática como actúa en ese sentido? ¿Hay una violencia mediática contra la mujer?
 
Si. La criminología mediática si ve que se queman tres o cuatro mujeres y eso vende lo va a publicitar. Ahora si se le quiebran los huesos a alguna mujer de vez en cuando no, porque eso no es noticia. Ese es el asunto y está claro. La violencia contra la mujer sí, es discriminatoria, sí. Pero es una discriminación muy particular. Porque la mujer no es minoría, es la mitad de la especie. Entonces empecemos por ahí. Lo que las otras violencias discriminatorias sean contra judíos, contra gays, etc., no interesa la persona, no interesa el individuo. Se agarra a un tipo y se le da una paliza porque es judío. Sea Juan, Pedro, Isaac o Jacobo, no importa. O fulanito porque es gay. Con lo cual hay dos bienes jurídicos lesionados. Esta la integridad física de la persona y el metamensaje que con eso se quiere mandar a todos los integrantes de la minoría. Pero con la mujer no es que estamos en Irán, donde alguien sale a la calle con ácido para quemarle la cara porque no se pone el velo. Nadie agarra una mujer en la calle y la golpea para mandarle un mensaje al resto de las mujeres. No es así. Es una característica diversa, diferente, porque la mujer no es una minoría. Si hay violencia contra la mujer es violencia intragrupal pero con eso el que lo hace no quiere mandar un mensaje a nada. Es un machista, un degenerado, estoy de acuerdo pero con eso no le está mandando un mensaje a todas las mujeres. Ni lo piensa, ni se le ocurre. El otro sí. El que agarra un judío, el que agarra a un gay, el que agarra a un travesti sí. Está mandando un mensaje al grupo. Y lo hace con esa intención, no le importa la individualidad de la persona. 

Cuando los skinheads agarraron al pibe éste de Belgrano hace unos años, que ni era judío, no le importaba el pibe, agarraron a ese pibe como podrían haber agarrado a otro. El objetivo era mandar un mensaje. Con la mujer no, eso no se da. No es así. Es una discriminación y una violencia que tiene otras características.

Usted habla de las Constituciones Andinas y en ellas es muy fuerte esto del derecho de la naturaleza como veíamos, ahora para que esas constituciones puedan surgir hubo un debate fuerte en la sociedad, una gran participación Usted cuando plantea la necesidad de la Reforma Constitucional en nuestro país ¿cree que es necesaria más participación o con que los representantes se pongan de acuerdo basta?

Yo lo que estoy planteando es el debate y lo que más me preocupa no es consagrar mas derechos en la Constitución nuestra. Los tenemos casi todos (se ríe) Cualquier declaración de derechos es un programa, si las declaraciones de derechos de todas las constituciones estuvieran realizadas sería genial. Nos vamos a casa y listo. Lo que me preocupa y creo, es que la parte institucional está superada por los hechos. Creo que se requiere un ajuste en el ámbito institucional porque tarde o temprano vamos a tener crisis, como toda democracia en el mundo tiene crisis en algún momento. Es inevitable eso. Pasaran cinco años, diez, quince. Algún día vamos a tener una crisis. Y lo que tenemos que evitar, tenemos que repensar la cosa institucional para que las crisis se puedan superar más fácilmente. Lo cual nos permitiría tener más políticas de Estado. Tener más continuidad en las decisiones. El Presidencialismo es Penélope. Es Penélopismo. Uno que ganó se llevó por un voto todo, el otro quiere ponerle palos en la rueda para que no pueda gobernar y cuando llega el otro desteje todo lo que había armado el anterior.  Y así no podemos desarrollarnos con una base. Hay cosas que necesitan continuidad política. Cualquiera sea el color político hay algunas cosas en las cuales tenemos que salir adelante.

Ahora en las Constituciones Andinas si bien son de avanzada en el sentido del reconocimiento del derecho de la naturaleza integralmente desde México hasta Bolivia no está planteado el debate ¿usted cree que el presidencialismo es parte de la cultura latinoamericana y que nosotros como país sí podemos ir hacia el parlamentarismo aisladamente?

Cuidado, cuidado con esto no estoy haciendo ninguna discriminación de ningún país hermano. Yo no me puedo meter a juzgar las condiciones de otro país, o las circunstancias de otro país. Yo estoy proponiendo un sistema parlamentario. El 17 de octubre de 1945 no se lo hubiese propuesto a Perón. ¿Por qué? Porque había que hacer un cambio estructural de incorporación de una masa humana muy grande que estaba excluida. Hoy eso no lo tenemos. Tenemos excluidos si pero por ejemplo dicen: “hay gente durmiendo en la calle” Y hay tres mil personas durmiendo en la calle en Buenos Aires. Se podría resolver. No me vengan con eso. Si tuviéramos medio millón de personas bueno ahí si hay que hacer un cambio estructural para resolver eso. Tenemos que incluir a los excluidos, sí. Y tenemos que subir los niveles de vida. Y tenemos que hacer una cantidad de cosas pero no se requiere un cambio. No se requiere un antes y un después. Yo no podría decir lo mismo de la Bolivia de Evo. No me meto a juzgar lo que institucionalmente hace otro país cuando tiene que hacer una incorporación masiva y eso requiere un cambio estructural importante. No valoro eso. No puedo decir “copien el sistema suiza Evo”. No, estaría loco (se ríe)  Pero mirando mi país sí digo que nosotros no requerimos una transformación de esa naturaleza. Más bien lo que creo es que tenemos que buscar un sistema que nos permita seguir patinando en el mismo sentido con los menores accidentes posibles y que no nos hundamos el cráneo con la primera piedra.

Estuvo en la apertura de sesiones del Congreso Nacional ¿qué le pareció el homenaje que se le hizo al Juez Garzón?

Me pareció realmente impresionante. Fue muy emocionante y creo que Baltasar se lo merece. Nos dio una mano en su momento sumamente importante a nosotros, a los chilenos, etc. Insisto, creo que es víctima de un sistema, de un modelo judicial corporativo. Mas allá de lo que puede haber de ideológico, etc. Hay una corporativización bonapartista,  en el sentido estricto de la palabra, de algunos poderes judiciales europeos que es peligrosa. Son corporativos. Son jerarquizados. Imagínense que hubiera pasado si nosotros tuviéramos el poder de juzgar en instancia única a nuestros jueces federales. Una locura, una locura. Yo pienso, si mis colegas de la universidad tuviesen el poder de juzgarme por delito a mí después de que salimos de un concurso. No, no, no por favor. Me refugio en una embajada. Pido asilo  diplomático. Hay que tener mucho cuidado con esas estructuras corporativas, verticales, etc. 

Yo creo que hasta el propio Baltasar se equivoca porque él insiste: “no, yo las intervenciones telefónicas las hice bien, eran legales”. No importa, no importa si están bien. Se pudo haber equivocado incluso. Yo leí la sentencia, aunque no conozco la causa en la que se ordenaron las intervenciones, si me pongo en exquisito en garantías (que a veces no me falta mucho) hasta puedo decir que se le fue la mano. Sí ¿pero que hubiésemos hecho acá? Le hubiésemos anulado y cuanto mucho le hubiéramos llamado la atención y listo. Y bajamos la causa de nuevo y que siga e irá a un sobreseimiento. Bueno ira a un sobreseimiento o una falta de mérito pero si cada vez que a un juez de instrucción se le va la mano en una medida tuviésemos que condenarlo por prevaricato nos quedamos sin jueces de instrucción. Ese es el problema, no es si estuvo bien o mal la medida. La medida pudo hasta ser equivocada.
El juez de instrucción es una figura torturada, que está siempre entre el policía y el juez. Es investigador y es juez. Es una figura que viene del sistema inquisitorial napoleónico, mixto que le llaman, que siempre está en esa ambivalencia. Y se le puede ir la mano a cualquier juez de instrucción porque es humano y sabe que le toman el pelo, sabe que hay tipos que cazan avestruces caminando, no son niños y uno quizás se calienta y se le va la mano con la medida. Pero para eso está la otra instancia para decirle: “No, esto te lo anulo” Pero no para condenarlo por delito! Es una locura. Es ese el problema.

Comparando las diferentes etapas de su vida, donde observó distintas participaciones juveniles a través del tiempo, incluso usted participó también ¿Qué piensa de lo que sucede hoy con la participación política de los jóvenes?
Bueno, creo que es importante el desembarco de jóvenes en la política y en el funcionariado. Algunos se equivocaran. Van a hacer macanas, no peores de las que haríamos otros. Un alto porcentaje se va a quedar y bueno, va a ser activo. Y después se va a achanchar con los años, algunos se van a aburguesar. Otros no van a seguir. Alguno se convertirá en un cipayo. Y ahí viene un segundo desembarque. Un segundo desembarque que a mi juicio hoy es una transformación que la vamos a ver en diez o doce años, importantísima. Que es el resultado del 7 % de inversión en educación y que es la incorporación a la vida universitaria de hijos de obreros. Y no me refiero solo al conurbano eh. Me refiero a Universidades en el interior, en lugares donde dicen bueno si tenemos una Universidad en la Provincia ¿por qué no poner otra?   Chilecito en La Rioja por ejemplo. Cuidado que son todos pibes de primera generación universitaria y hasta de primera generación secundaria.
Y bueno esos pibes van a estar dentro de diez años. Cuando se achanchen estos vendrán los otros (se ríe)
Muchas gracias Raúl.
No al contrario.


*El Embrollo Ecológico. La Ideología de La Naturaleza - Darío Paccino, Editorial Einaudi, Torino1972 )



-Fotos: India Rodríguez.

lunes, 27 de febrero de 2012

Belgrano por Osvaldo Soriano


UN AMOR DE BELGRANO 



Por OSVALDO SORIANO*

Cómo contarlo al pobre Belgrano? ¿Con qué colores pintarle diez años de guerra y de infortunio? ¿Qué instante de su vida elegir para evocarlo mejor?
Pongamos primero los de las efemérides escolares: los jubilosos de Tucumán y Salta; los nefastos de Vilcapugio y Ayohúma; los del rebelde que levanta una bandera propia para acelerar la marcha de la Historia.
Pero sobre todo los del amante otoñal y olvidado que guerrea en el norte a la espera de que San Martín caiga sobre el Perú.
En 1818 ya han muerto los sueños de revolución y la guerra civil entre porteños y provincianos ha desatado odios que van a prolongarse hasta hoy.
Belgrano, que en Tucumán cuida la retaguardia de los guerrilleros de Güemes, impone una disciplina espartana: se acaban los bailes, las mujeres y la baraja.
San Martin y Paz se asombran y lamentan la dureza de ese civil al que las circunstancias han hecho militar.
Por las noches recorre las calles con un ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes.
Es de acero ese jacobino católico al que llaman despectivamente bomberito de la Patria.
En pocos meses funda varias escuelas, una academia de matemáticas, una imprenta y manda sembrar huertos para pelear contra el hambre que le mata los caballos y debilita a la tropa. Curioso personaje este nieto de venecianos del que San Martín escribe: “Es el más metódico que conozco en nuestra América, lleno de integridad y valor natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a la milicia, pero créame usted que es el mejor que tenemos en América del Sur”.
¿Cómo es?
“De regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, con una fístula casi imperceptible bajo un ojo; no usa bigote y lleva la patilla corta. Más parece alemán que porteño.”
En Buenos Aires ha tenido amores tumultuosos de los que ha nacido un hijo clandestino que Juan Manuel de Rosas cría y ampara bajo el nombre de Domingo Belgrano y Rosas. Otra descripción de primera mano, dice: “Es un hombre de talento cultivado, de maneras finas y elegante, que gustaba mucho del trato con las señoras”.
¿Por qué se sacrifica?
Por la libertad y la justicia.Esos valores que le han faltado durante los primeros cuarenta años de su vida serán la obseción de los diez últimos.
Y al final, derrumbado por la cirrosis y la hidropesía, trata de comprender por qué lo abandonan.
“¿Ha créido usted acaso que yo pueda dudar de la legitimidad de los gastos que se hagan en ese ejército? -le escribe Pueyrredón-. no sea tonto, compañero mío y crea que así como usted me llora porque lo auxilie con dinero, yo lloro del mismo modo porque veo las dificultades. Usted siente las necesidades de ese ejército y yo con ellas siento las del de los Andes, las del Este, las de los Enviados Exteriores y la de todos los pueblos.”
Entonces, Belgrano se dirige a Saavedra: “Digan lo que quieran los hombres sentados en sofás o sillas muy bonitas, que disfrutan de comodidades mientras los pobres diablos andamos en trabajos; a merced de los humos de la mesa cortan, tallan y destruyen a los enemigos con la misma facilidad con que empinan una copa”.
Es que su ejército de liberación no tiene donde caerse muerto: “Ni tiempo, ni suelas, ni cosa alguna tenemos: todas son miserias; todo es pobreza, así amigo que yo me entiendo”, le escribe a Martín Güemes que le pide auxilio.
Poco después, a Pueyrredón: “Todas son miserias en este ejército. No dinero, no vestuario, no tabaco, no yerba, no sal, en una palabra: nada que pueda aliviar a esos hermanos de armas sus trabajos ni compensar sus privaciones”. Y enseguida: “La deserción está entablada como un consiguiente al estado de miseria, desnudez y hambre que padecen estos pobres compañeros de armas”.
Es un Belgrano achacoso, de chaqueta zurcida y botas remendadas el que se reencuentra de pronto con la niña Dolores Helguera. Ella es hija de una intocable familia tucumana y el general la ha conocido en los jubilosos días de victoria, cuando era una pecosa de trece años. Ninguno de los dos ha olvidado los primeros amores de 1813 a los que la familia de la muchacha puso fin casándola con un tal Rivas, de la aristocracia local. Por entonces, Belgrano aparecía a los ojos de los tucumanos como un plebeyo metido a revolucionario.
Ya antes, en Buenos Aires, había desatado escándalos por sus entreveros con polleras honorables. Pero a los cuarenta y nueve años, destrozado por los combates y los sinsabores, se tropieza de nuevo con la adolescente que lo amó de viejo. En una de sus rondas la ve pasar, pero es tan poco lo que queda de aquel general victorioso, que no se anima a correr a su encuentro.
Lo que sigue es un mal folletín: Belgrano se entera de que ella vive en Londres, provincia de Catamarca, y manda a un hombre de confianza a que averigüe si ella todavía lo quiere. El chasque corre, pregunta, finge (sin saber que dice la verdad) estar al servicio de un general moribundo. Dolores Helguera se enternece y corre a verlo.
El tal Rivas, que en el folletín hace de marido, está en Bolivia y como es un tipo prudente no se acerca a Tucumán.
El cura Jacinto Carrasco, que escribe la primera noticia, le inventa una separación para no manchar la memoria del amante perfecto. Cuando Dolores queda embarazada, Belgrano mueve cielo y tierra para ubicar a Rivas y protegerlo de las razones de Estado que ponen su vida en peligro.
Carta a Pueyrredón: “Repugna a mis principios arrebatar las propiedades y jamás entraré en semejante idea, por consiguiente nos veremos expuestos a no tener qué dar de comer al ejército (…) La desnudez no tiene límites: hay hombres que llevan sus fornituras sobre sus carnes y para gloria de la Nación hemos visto visto desnudarse de un triste poncho a algunos que los cubría para resguardar sus armas del agua”.
Se acorta el tiempo para Belgrano, pero todavía le quedan algunos disgustos por sufrir.
Prilidiano Pueyrredon: La hija de Belgrano Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano
En 1819 la Revolución ya es una parodia y todo se le escapa de las manos: la mujer que le niegan y el ejército que se le subleva. “De resultas de la Revolución se vio abandonado de todos; nadie lo visitaba, todos se retraían de hacerlo”, cuenta su amigo Celedonio Balbín.
El gobierno lo manda a Santa Fe y el 4 de mayo de 1819 nace la hija, Manuela Mónica.
En agosto, Belgrano se siente morir y vuelve a Tucumán para reconocerla como suya. Llega en camilla, echando espuma por la boca y agarrotado por los calambres.
Temeroso de nuevas calamidades, un capitán de nombre Abraham González subleva a la tropa, insulta y maltrata al propio general. Es el fin: con la plata que le presta Balbín, emprende el último viaje.
Lo acompañan su médico, un capellán y el padre de Dolores: “Cuando llegaban a una posta lo bajaban cargado y lo conducían a la cama”. Es tal el odio que los provincianos alzados en armas profesan a los porteños, que el viaje es una odisea.
Cuenta Balbín: “Al llegar al campo de Cepeda, a pocos meses de la batalla, en el patio de la posta donde pasé me encontré con dieciocho a veintidós cadáveres en esqueletos tirados al pie de un árbol pues muchos cerdos y millones de ratones que había en la casa se habían mantenido y mantenían aún con los restos. Al ver yo aquel espectáculo tan horroroso fui al cuarto del maestro de posta al que encontré en cama con una enfermedad de asma que lo ahogaba. Le pedí mandase a sus peones que hicieran una zanja y enterrasen aquellos restos, quitando de la vista aquel horrible cuadro y me contesta no haré tal cosa, me recreo con verlos pues son porteños. A una contestación tan convincente no tuve qué replicar y me retiré al momento con el corazón oprimido”.
El 20 de junio de 1820, mientras los caudillos del interior entran en Buenos aires, el hombre fuerte de la Revolución se muere olvidado, lejos de sus amores prohibidos.

* “Cuentos de los años Felices” Editorial Sudamericana. Bs. As. 


domingo, 26 de febrero de 2012

Los trenes de Osvaldo Soriano


TRENES

Por Osvaldo Soriano *

Siempre me vuelven a la memoria aquellos viajes en tren que cambiaron mi vida. Eran viajes lar­gos y rumorosos, con sándwiches de milanesa y limonadas caseras. Ahí vamos, mi madre y yo vestidos de Domingo en el vagón de segunda. Mamá lleva un pañuelo azul al cuello y la mirada puesta en la ventanilla sucia. Yo voy de pantalón corto y es posible que lleve un pulóver marrón con los codos zurcidos. No sé a qué le temo ni en qué piensa mi madre.
Cae la tarde y el sol se esconde en el horizonte. Mi padre ha partido meses antes a ocupar su cargo en una oficina de Río Cuarto. Muchos años después, al escribir estas líneas, releo una carta que le mandé a los nueve años: “Querido papá: a mami ya le sacaron la benda y yo me estoy haciendo una onda, la goma me la trajo del regimiento el señor Limina. Ya tenernos camionero, es Jamelo, mandá plata. Como estás por allá? Asfaltan calles? acá no, Fernandino viene siempre entre las 10 o 10 y media. Voy al cine cuando quiero y me levanto a las 10. Esperamos ir con vos, termina la casa. Besos chau”. Y al margen, como posdata: “El gatito está atado”.
Algunos errores de sintaxis, la be de benda y los acentos que faltan. Una caligrafía rumbosa que mi padre conservó hasta el final entre sus papeles. El chico de la carta es el que viaja con su madre en un tren que culebrea y se detiene de tanto en tanto a reponer agua y carbón. Una locomotora negra, con humo negro, igual que esa a pilas con la que ahora juega mi hijo. Perón la ha pagado como si fuera nueva y lleva el escudo nacional. Me pregunto: ¿por qué está atado el gatito? ¿Qué venda le han sacado a mi madre? ¿Quién es Jamelo? ¿Por qué me preocupa tanto el asfalto de las calles?
Mi madre ya no se acuerda del gatito. Con más de ochenta años se le confunden los trenes. Había tomado el primero en Pamplona, cuando era chica, y siguió aquí, en esta tierra inmensa, detrás de mi padre. Al Norte, al Sur, a la sierra, al mar, mamá subió a todos los trenes. Me dice, escondida en una montaña de recuerdos difusos, que Jamelo era el de la mudanza y se lleva la mano a la frente donde todavía tiene la marca de aquella herida. Un barquinazo con el jeep de Obras Sanitarias, de eso me acuerdo bien. Mi padre siempre agarraba los pozos más grandes y en aquel de San Luis mi madre dejó la lozanía de su cara española. Sangraba y no podía entender qué le había pasado. Mi viejo la cubrió con un pañuelo y manejó kilómetros y kilómetros maldiciendo todos los pozos que Dios ponía en su camino. En un hospital le colocaron esa venda que ya le han sacado en mi carta.
Manejaba mal, mi viejo, pero él nunca lo admitió. Una vez me atreví a decírselo en una curva, camino de Rauch. Frenó el coche en un pastizal y me dijo que bajara a pelear. Era así. Se enfrascaba en sus pensamientos y olvidaba la ruta. Entonces mi madre se sentía feliz de subir al tren justicialista. No le importaba que pasáramos días y días en aquellas butacas de madera durmiendo sobre una frazada. A la noche, cuando el tren se paraba en cualquier parte y los señaleros caminaban junto a la vía sin dar explicaciones, abría un paquete hecho con una caja de zapatos y todos los pasajeros se daban vuelta para sentir el aroma de nuestro pollo relleno. Tenía que durar hasta el final del viaje y lo administraba con un rigor de campesina. Mientras comíamos me contaba escenas de Lo que el viento se llevó y de postre las películas del Gordo y el Flaco. Entonces reía y los hacía correr perseguidos por un fantasma o subir un piano inútil a un segundo piso equivocado. El tren arrancaba a los tirones y después se paraba en una estación de mala muerte. Recuerdo que en ese viaje, o en otro, subieron a un boxeador noqueado y con los guantes todavía puestos, que mientras dormía narraba su propia derrota. Mi madre le mojó los labios con un pañuelo. El entrenador llevaba sombrero, tirado­res y una boquilla, pero se le habían acabado los cigarri­llos. Cada vez que mamá se inclinaba a auxiliar a su amigo el tipo se sacaba el sombrero y rogaba a Dios que se despertara para la próxima pelea.
Una vez que hicimos noche en un hotel de Bahía Blanca tardé en dormirme y entreví la desnudez de mi madre bajo la ducha. Al día siguiente, en el expreso a Neuquén, le pregunté qué era esa cosa negra que tenía ahí. Me miró y durante un rato movió los labios sin hablar. Por fin dijo: “Un hormiguero”, y ésa es la única cosa textual que recuerdo de nuestra charla. Yo tenía cuatro o cinco años y ella todavía no llevaba la huella en la frente. Una vez le escuché decir que querían adoptar un hermanito para mí. La odié y odié a mi padre hasta que me preguntó si quería un hermano de regalo y yo me puse a llorar. Pero eso fue mucho más tarde, entre el rápido a Río Cuarto y el expreso a Cipolletti.
Ahora creo que vamos rumbo a San Luis y en un lugar penumbroso suben dos mellizos vestidos de azul, con una valija inmensa. Al rato uno abre la valija y de adentro sale un enano. No necesitan boleto. Los tres son, le informan al guarda, electores de Perón. Los que el pueblo votó para que votaran por Perón. En casa, el General era mala palabra pero ahí, de noche y a los cimbronazos, estallan aplausos y el enano levanta los brazos subido a un asiento. Alguien, atrás, empieza a vociferar “aquí están/éstos son/los muchachos de Perón”. Uno de los mellizos se sienta al lado de mi madre y enseguida le saca un piropeo de versos floridos. Ella se levanta en silencio, indignada, con la cicatriz que le cruza la frente, y me arrastra al pasillo. “Éste es mi hijo”, le dice al guarda mientras me pone la mano sobre un hombro, “y en este tren, como manda el General, los únicos privilegiados son los niños”. Me parece mentira que lo diga ella, pero el de uniforme se pone duro como un mástil y el enano deja de gritar. Después todo pasa muy rápido. En la siguiente estación sube la policía y se lleva a los electores a empujones. Un gordo engominado se acerca a mi madre y se disculpa en nombre del ferroca­rril: los privilegios de los niños alcanzan a las madres, dice y suda a mares mientras su mano grasienta me acaricia la cabeza. Parece asustado y nos ofrece pasar al vagón de primera.
Esa fue la única vez que viajamos en asientos mullidos. Mi madre se recuesta y cierra los ojos. Ahora veo: el gatito está atado a una silla, enredado en un ovillo de lana. Dormía en mi cama como ahora otro duerme junto a mi hijo. A veces yo era el Corsario Negro y él el Corsario Rojo que iba a morir en el cadalso. Era negro y blanco con un morro fino y una paciencia infinita. Una noche no volvió, la siguiente tampoco y a la tercera empezamos a llorarlo. Nos había acompañado en otros trenes, aterrado por el encierro y el ruido. Venía del asfalto de Mar del Plata y tal vez sufría los calientes desiertos puntanos. ¿Sueña con eso mamá cuando duer­me esa noche en el tren? ¿Sueña con su aldea de Navarra? ¿Con la voz de Magaldi? ¿Con los bailes en Barracas cuando era joven y trabajaba en la fábrica de medias? En la larga espera de una estación desconocida, esta vez rumbo a Tandil, habla de ella: años atrás un tal Fermín Estrella Gutiérrez le ha escrito versos de amor, dice. Era elegante y gentil aquel poeta de sonoro apellido. Qué más, me pregunto ahora: ¿qué otros sueños? ¿Más pra­deras y distancias? Tal vez la pensión de la calle Brasil, a una cuadra de donde vivía el Peludo Yrigoyen. La estación Constitución donde desembarcamos por prime­ra vez, yo intimidado por la inmensa avenida y ella feliz con su sombrero de paja bajo el sol.
Trenes de madera, de fierro, de juguete. Resaca inglesa y vivezas criollas. Van peones deportados, viajan­tes medrosos, boxeadores noqueados, antiguos electores de Yrigoyen y Perón. Ahí va Gardel que todavía no es Gardel. Viene Eva, que todavía no es Evita. Sube su moto un chico que todavía no es el Che. Todos duermen, igual que mi madre. Van a la deriva del destino. A cara o cruz. Aunque nunca hablemos de los sueños, es en ellos donde alguna vez somos enteramente felices. Mientras ruge la locomotora y crujen las maderas de aquel vagón justicialista.
*Cuentos de los años felices – año 1993.